Mostrando entradas con la etiqueta demencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta demencias. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de marzo de 2015

Ceguera afectiva

Una cierta ceguera afectiva. De tanto en tanto, qué  gusto. La humanidad no solo se escaquea  y miente. Preocupados, han traído de urgencias a su padre por un llamativo episodio de desorientación. Tras despertarse de la siesta, no ha reconocido a alguien de toda la vida. Un rato, ni media hora. No es la primera vez.  Episodios aislados. En tres meses, sólo tres, tras la siesta; normal, normal.  Asiento con la cabeza -reflejo de complicidad-  mientras voy tomando nota y valorando el caso clínico como buenamente puedo. En los casos de deterioro cognitivo, los lapsus puntuales, aunque sean muy aparatosos y desconcertantes, por lo general, son mucho menos preocupantes que los fallos repetidos y cotidianos, les explico adentrándome en su círculo visual o mental o de afecto, sin faltar a la verdad. 

No es una primera visita. Ya vino a mi consulta acompañado por su hijo hace dos años. Ya entonces, objetivé evidentes problemas de memoria reciente más allá de lo atribuible al normal proceso de envejecimiento. Pero, por lo demás, sin fallos significativos en el resto de sus funciones superiores, consta en su historial.  Su scanner cerebral únicamente mostró una moderada atrofia acorde con su edad. Quedamos en revisiones periódicas. Desde entonces, alguna consulta muy esporádicas y siempre sin el padre.

Así que esta es la segunda vez que veo al paciente. Me acuerdo de él. De su cara o expresión; un caballero, mirada serena, sonríe con placidez, trasmite bondad. Reviso su listado de medicación y  compruebo que sigue la aconsejada por mi parte; un tratamiento farmacológico  que favorece el enlentecimiento de los cuadros clínicos de deterioro cognitivo progresivo de origen degenerativo. Mientras voy extrayendo información clínica, le observo. En paz o en una nube de cuidados y respeto. Un hijo a cada lado. Repite algún comentario curioso, repeticiones que ponen en evidencia que su capacidad de memoria reciente  sino perdida del todo, navega o flota… algo retiene, algo es algo, además, conserva el lenguaje, entiende y se expresa con una más que aceptable fluidez: estupendo. Paso a realizar un breve test sobre sus funciones superiores. Orientación en tiempo: sin problemas; para esto está su hija. Claro, claro, entre todos sacaremos adelante  el pequeño examen cognitivo que trato de abreviar aunque el paciente no se muestra agobiado con las preguntas. Copie este cubo y ya estaremos. Así no, así, así, te falta esta línea, así, así… no puedo evitar sonreír.  

Deterioro cognitivo leve. A veces queda estacionado. Otras progresa hacia un cuadro de demencia. Ni se me ocurre nombrar semejante palabra. Cada caso, un mundo de explicaciones; vasos medio vacíos o medio llenos; a demanda. En este caso: lo importante ya está en marcha. El estudio de las posibles causas del deterioro ya se realizó en la primera consulta. El tratamiento indicado ya se pautó en su momento. Cuidados; imposible más cuidado, mimado, acompañado; personal y cinco hijos; turnos organizados desde que falleció la madre, la mujer que se ocupaba de todo y de todos. Le subo la dosis de medicación y  le indico que debe tratar de trabajar más la memoria como único asunto a mejorar.  Lecturas, juegos de cartas; lo que le guste, aprender cosas nuevas… y, en caso de que los episodios de desorientación se repitan con más asiduidad, ya iremos viendo que se puede hacer; alguna medicación para evitarlos; ya iremos viendo; de momento, vamos bien; bien cuidado, mejor imposible; envidia de hijos, de padre, de entorno adecuado para que los deterioros se solapen, suavicen, y, eso que  falta la madre, la esposa, si no faltara, se solaparía aún más, pero no se puede hacer más ni mejor.  Así  pues, en resumen, normal, normal, más o menos, menos que más, pero, en fin, más o menos, de hecho casi el 50% de la población de más de 80 años padece una demencia degenerativa tipo enfermedad de Alzheimer y muchos ni consultan, conducen, viven solos, encienden el gas… no explota el mundo de puro milagro, así que, en este caso, vamos bien, mejor que bien, lo mejor posible. 

Foto entrada F.por A. N. 
Bilout

                                        
                                           




viernes, 25 de enero de 2013

AMOR (3)


Lo siento,  pero sigo enganchada a los hombres –mayores y no tan mayores- que se vuelcan ante la enfermedad de su mujer. Tantos casos a la inversa, quizás por eso mi mente se  ha quedado enternecida ante la imagen de Trintignant  despidiendo sin contemplaciones a una de las cuidadoras ante  la primera muestra  de trato  poco respetuoso  hacia su mujer  en estado clínico de total indefensión.  

Esta  tarde  ha aparecido  por mi consulta mi nuevo heroe:   aún en edad de  salidas y planes;  unos setenta años bastante apaleados, no por exceso de arrugas y desgaste corporal, sino por la carga familiar que soporta, la nula ayuda externa  y los pocos recursos económicos de que dispone para sobre llevar la situación  que le está tocando vivir. Como siempre,  acompaña a su mujer  que la visito periódicamente desde hace tres años. Diagnosticada de una demencia degenerativa tipo enfermedad de Alzheimer, parece su madre; cuatro pelos, sin algún diente, aún así, conserva una sonrisa encantadora, bondad, se la coge cariño enseguida. Por mi parte,  me alegro de verla cada vez que entra en mi consulta; un placer,  a pesar de su inevitable deterioro mental progresivo que, al menos, en su caso, emperora  muy lentamente,  gracias tanto a  la medicación actual  para esta enfermedad -que no detiene su curso, pero, por lo general, lo enlentece- así como por los cuidados y atenciones que recibe por parte de su marido que la mantiene activa e integrada en su entorno en la medida de lo posible.  Su memoria reciente o capacidad para retener información nueva está en las últimas, no obstante aún  puede seguir  más o menos una conversación sencilla, no sufre, sino al contrario, ya le gustaría a la mayoría de personas  sentirse tan en paz,  envuelta en cariño y naturalidad por parte de  su  pareja que  a base de  estar encima -sin agobiarla, sin exigencias-  consigue  camuflar lo que en estos momentos ya sería una dependencia absoluta para toda  actividad cotidiana;  vestirse, comer, salir de paseo… gracias a su pareja de toda la vida, su vida es un día a día llena de detalles y ayudas sin alardes, como si pudiera hacer lo que ya no puede hacer, como si lo que todavía puede hacer fuera más que suficiente. Envidiable marido, excelente hombre, natural, dotado para el amor, la convivencia y la aceptación de las circunstancias, un maestro, otro héroe de película, señor Haneke.   

 
Memorias de África