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sábado, 22 de septiembre de 2018

Alguien completamente sano


Frase  leída en facebook hace un rato mientras desayunaba y navegaba o picoteaba con el móvil, al estar los periódicos del bar ocupados. “En las investigaciones sobre las enfermedades se ha logrado un avance tan grande, que cada día es más difícil encontrar a alguien completamente sano” Aldous Huxley.
Sí y no. De acuerdo y en desacuerdo. Como frente a  tantas afirmaciones, quizás todas; rascando; reflexionando; a más vida o experiencia, más de acuerdo y en desacuerdo con cada afirmación ante nuestras narices.
El caso es que llevo solo una semana reincorporada tras las vacaciones a mi consulta; una semana un tanto agobiante justamente por lo contrario.  Paciente tras paciente, o, más propiamente, personas sin ninguna paciencia ante su hartazgo por llevar año tras año acudiendo a distintos especialistas sin que ninguno de ellos asuma su problema de salud como un problema de salud más allá del síntoma en concreto sin diagnostico ni solución exceptuando intentos de medicaciones que ya han sido probadas anteriormente por indicaciones de otros médicos consultados y sin éxito puesto que de lo contrario no seguiría insistiendo en su desesperada búsqueda de un especialista que le descubra de una puñetera vez cual es la causa de su sensación de mareo permanente o unos zumbidos en el oído o un cansancio extremo que no quiere volver a escuchar se trata de un cuadro sin importancia cuando  está convencido de que alguna causa orgánica debe ser la causa y los médicos, ni idea; desesperante para el paciente; desesperante para el médico. Una semana agobiante.
Formada en la paciencia ante la impaciencia de determinados pacientes que acuden a mi consulta después de vueltas y más vueltas acompañados de todo tipo de pruebas, les escucho, les entiendo; desesperación con exceso de exigencia incluida; trato de explicarles que sus síntomas  no son producto de su imaginación, pero su imaginación traducida en ansiedad empeora dichos síntomas; en ocasiones conecto con el paciente y el paciente sale incluso algo aliviado, al menos, no sale enfadado. Esta semana, esta semana, señor Aldous Huxley, todos para usted.


                                         

sábado, 15 de diciembre de 2012

Paseando por las Ramblas


Vengo de comprarme ropa. Las ofertas son tentadoras, aunque  la prenda escogida para probar  tiene que cumplir unos requisitos que rara vez cumple. El caso es que hoy he sustituido un abrigo por otro. Calidad, buena caída, buen precio. Mientras paseaba  por las Ramblas con las solapas elevadas y las manos en los bolsillos de mi estupendo  abrigo nuevo, me he sentido con las fuerzas algo recuperadas. Sin venir a cuento, se me ha ocurrido  una entrada para mi blog.

Durante estos meses,   conviviendo con la enfermedad desde el asiento del acompañante, he tenido la oportunidad de  constatar un hecho  entre curioso e interesante;  incluso me he dedicado a mi misma  una tenue sonrisa  sin dejar de pasear Rambla abajo. En realidad, nada nuevo, ya lo había intuido desde el otro lado del escritorio,  si bien, hasta ahora, no lo había racionalizado o reflexionado en su justa medida; pura casualidad, nada relevante,  eso pensaba.

“El mareo es prácticamente constante, floto al caminar desde hace meses” “Diario, sí, sí, diario, el dolor de cabeza  no me abandona  desde hace más de un año”   “Las palabras no me salen, me quedo bloqueado en plena conversación” me cuenta un paciente manteniendo  un lenguaje fluido envidiable. Simples ejemplos de lo que suele ocurrir en la consulta del médico: ese mareo, esa cefalea  persistente, justo en ese momento,  oh, casualidad, justo en ese momento, ha  desaparecido… cómo si el hecho de acudir al médico provocara en sí mismo un efecto curativo (por desgracia, un espejismo que dura lo que dura la visita y poco más) Hechizo temporal. Frente al médico; asintomáticos.

Ante estas situaciones aprovecho para tranquilizar al paciente.  Los procesos o enfermedades neurológicas preocupantes habitualmente se constatan con una simple exploración clínica.  Eso no quiere decir que los síntomas no existan, por supuesto existen pero, tras la anamnesis y la exploración, en la gran mayoría de casos,  el neurólogo  estará en disposición de emitir  una impresión diagnóstica acertada.  

Pues bien,  no es que mi papel de acompañante de enfermo me haya hecho cambiar de criterio, sin embargo, me ha hecho reflexionar.  Quizá por su carácter, quizá por el esfuerzo extra que supone acudir a visitarse, determinados pacientes encuentran fuerzas para presentarse ante el médico en el mejor de su inestable  estado de salud. Ese día, se levantan del asiento, caminan aceptablemente bien, no se bloquean al hablar, no sangran, el  dolor es tolerable,  ese día que deberían mostrarse los síntomas en todo su esplendor para que el médico pudiera valorar el problema con la mayor exactitud posible, ese día los síntomas, los síntomas, qué síntomas. Ah, y en los procesos graves aparentemente estacionados, las desgracias que están a punto de aparecer, aparecerán mañana.

Así estamos.  Paseando por las Ramblas, un Shawarma, me apetece un Shawarma, pasar por el video club y escoger una película. Suena el movil.
 
 
Imagenes en Google
Sin referencia del autor