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sábado, 7 de febrero de 2015

¿ Psicosomático?


Pues, la verdad,  ni idea. Muy de tanto en tanto ocurre, tan de tanto en tanto que no recuerdo haberme encontrado tan desorientada ante una primera visita.  Cada caso clínico es único. Se podría publicar. No existen dos pacientes iguales. Pero, por lo general, tras la historia clínica y la exploración se orienta el caso. En ocasiones, se descarta causa neurológica y se aconseja otra especialidad; traumatólogos, reumatólogos, vasculares, cardiólogos, otorrinos…  Otras,  se localiza donde está el problema a nivel neurológico; motor, sensorial, cognitivo…;  una lesión del cerebro o de la médula o bien del sistema nervioso periférico. Posteriormente,  se solicitan las pruebas necesarias para el diagnóstico etiológico; infeccioso, tumoral, degenerativo… Aunque sea por exclusión, en la mayoría de los casos, navegamos firmes, sin titubeos; la evolución, con frecuencia, confirma nuestras sospechas diagnósticas. Pero, ni idea, ni idea, tan ni idea, ni idea; no lo recuerdo.

Viéndola caminar por el pasillo hacia mi despacho, ya supe que su caso no sería sencillo de diagnosticar.  Andaba como sin atreverse a apoyar los pies,  agarrada a su padre. Cada paso, un parto. La historia clínica, siempre esencial; imposible de detallarla con la precisión debida. Llevaba así unas semanas, si bien, no me quedó claro si anteriormente caminaba sin problema alguno. Más bien, no. Sí, pero, no, no pero si… en todo caso, mucho mejor y era la primera consulta médica que realizaba; apunté en la historia clínica. No era dolor. ¿Seguro? Insistí varias veces, pues trasmitía cierta expresión de dolor mientras no respondía a mis preguntas con la coherencia necesaria y sobre todo viéndola caminar. Son los pies, pero también el resto del cuerpo, no sé lo que me ocurre. A sus 28 años, una mujer algo caótica pero inteligente. Como paciente, no tiene porque saber lo que le ocurre, sólo concentrarse para detallar su historia clínica lo mejor posible. Pasé a explorarla  mucho antes de concluir la anamnesis. Algo que suelo hacer cuando no me aclaro con los datos de la historia.

Nada. Ni déficit motor, ni sensitivo, los reflejos normales.  La palpación muscular y de los pies; completamente normal. Ni dolor ni otros signos que orientaran el caso. Solo la marcha; imposible caminar sin ayuda. Y tampoco se trataba de un problema de equilibrio. Aunque no era dolor; parecía  dolor. Menudo caso más difícil de orientar.

Tras un nuevo intento sin éxito de concretar la historia clínica; ni idea, la verdad, pero no se preocupe porque las pruebas complementarias descartarán las posibles causas neurológicas de su problema. El electromiograma es diagnóstico de cualquier lesión  o enfermedad neuromuscular.  Y cuando se tiene un problema en la extremidades los especialistas a consultar además del neurólogo son los cirujanos vasculares, traumatólogos y reumatólogos. Cada uno descartará lo correspondiente a su especialidad y la evolución nos ayudará al diagnóstico. De momento, la exploración neurológica es tranquilizadora, ánimo y seguimos en contacto, mientras la acompañaba a la salida y me pareció que caminaba bastante mejor. ¿Psicosomático? es decir, ¿un problema de orden psicológico que se manifiesta caminando como si no pudiera apoyar los pies? Ya veremos.



                                      











sábado, 28 de septiembre de 2013

El motivo de consulta


Acaba de cumplir  ochenta años, aparenta unos setenta y pocos.  Entra en mi consulta acompañado de su mujer y se sienta tras darme cordialmente la mano, leve sonrisa incluida. Perfecta  manera de  darse la mano no sólo entre médico y paciente sino en general.
 
Mirada inteligente, distendida, a la espera, me permite  arrancar la historia: el motivo de consulta. Perfecta manera de comenzar la visita médica. Lo que le ha impulsado a venir a visitarse. Lo que más le preocupa entre sus  preocupaciones.
 
Le preocupa su memoria. Me detalla fallos de memoria que exceden a lo que observo. Una capacidad de expresión oral y razonamiento envidiable. Su lenguaje no solo es fluido sino que enlaza frases largas con un léxico exquisito. Sin embargo, refiere perder el hilo de la conversación con cierta frecuencia, algo que no le ocurría y le ocurre desde hace unos meses; se queda en blanco a mitad de conversación, si le interrumpen mientras habla, no retorna a lo que estaba explicando.

Entre sus explicaciones deja espacios o pausas naturales  que me permiten preguntarle detalles de sus supuestos problemas de memoria que me ayudarán a concluir mi impresión diagnóstica.  Perfecta manera de realizar una historia clínica. El paciente habla, el médico escucha, va apuntando datos sin apenas notarse o interferir en la conversación; distendida, ordenada.

Paso a explorarle con preguntas específicas de memoria y otras funciones superiores y confirmo que su rendimiento es correcto, sin fallos que indiquen o apunten hacia un inicio de deterioro cognitivo preocupante. No obstante, si pierde el hilo de la conversación con frecuencia,  lo aconsejable es explorarle más a fondo con un test neuropsicológico centrado en los distintos tipos de memoria y lenguaje entre otras funciones cognitivas. Así se lo indico, y así quedamos. El test nos ayudará a descartar lo que ya puedo descartar con mi visita y exploración, pero, sobretodo, confirmará sus discretos fallos de memoria reciente o inmediata que pueden atribuirse a la propia edad, pero de ser debidos al normal proceso de envejecimiento cerebral  no deberían ir a más y se debería mantener más o menos estacionado, con  un buen rendimiento en su día a día y en los test de memoria que según los resultados y evolución sería aconsejable realizar cada uno o dos años.

En fin, otro día seguiremos con el tema de la memoria y lo que debe o no preocuparnos, hoy quería resaltar la importancia de comenzar la historia clínica con el motivo de consulta. Sentido común y escucharse, exponer con claridad lo que preocupa y detallarlo, analizarlo. Algo así como organizar un sencillo referéndum con un motivo de consulta claro  para saber dónde estamos y en función del resultado programar las pruebas o pasos adecuados o vías de sentido común. Así de sencillo, pero, por lo visto, lo sencillo y razonable no interesa ni a unos ni a otros. Así estamos.

 
 Van Gogh

                        

                                              


miércoles, 13 de junio de 2012

El ordenador en la consulta

Últimamente me está tocando el papel de acompañante de paciente. Magnífica experiencia para reflexionar sobre aspectos de mi profesión desde el otro lado de la barrera. Todo cambia y todo queda, pero, después de lo observado en directo, mi conclusión es que debería replantearse la utilización de los ordenadores en las consultas médicas. Reconociendo que se trata de una herramienta practicamente obligada por sus indudables  beneficios, visto lo visto, hoy por hoy, con ordenador de por medio, la relación médico-paciente sale bastante rebotada. Así lo he vivido y así lo trascribo; que las excepciones no se sientan cuestionadas. El asunto es que, si se teclea durante la visita, ésta se convierte en una especie de entrevista parcheada de silencios fríos e  inevitables  a no ser que el médico pudiera ser capaz de mirar al paciente mientras teclea como cuando lo hacía al escribir bolígrafo en mano. Y,  de momento, falta habilidad al respecto, mucha habilidad.  La película es la siguiente:  el médico  teclea mirando la pantalla; el paciente aguarda observando al médico teclear mirando  la pantalla.  El médico, consciente de que no puede  pasarse toda la visita de cara al ordenador, escribe lo justo tratando de sintetizar al máximo; en resumen, queda registrado lo mínimo imprescindible, tan lejos de esas historias clínicas llenas de matices donde se encontraban las claves para el diagnóstico clínico.  Por ejemplo, de un  simple  dolor de cabeza interesan mil aspectos: duración, intensidad, síntomas acompañantes, años de evolución... en fin, qué difícil resulta  escribir en el ordenador sin mirar al teclado. Mis sobrinos pequeños aseguran  que  son capaces de hacerlo (un día de estos, les pediré una demostración)  si bien, por desgracia, entre las generaciones que nacimos sin ordenador, dicha  habilidad escasea por no decir que brilla por su ausencia. No dudo que con tenacidad casi  todo se aprenda, así pues  toca  practicar y practicar, sin embargo, en absoluto  me convence ponerme a practicar en  plena consulta, por lo que, de momento, continuo con mi mont blanc granate, papel, sobre, y un archivador que crece hasta hacerme replantear la imperiosa necesidad de informatizar mi consulta. Por cierto, ¿cómo anda el asunto de los ordenadores que trascriban la voz hablada en palabra escrita?  quizá pudiera ser la solución para despejar estos sutiles pero importantisimos  inconvenientes o muros tecnológicos.

Foto: Cristina Güell



                                                            



                                                     
                                                      


                                            


martes, 15 de mayo de 2012

Levantate y anda

Andar es muy beneficioso… si se puede. Y es que son infinidad los problemas que perjudican o impiden el caminar. De reumatólogo o traumatólogo,  cirujano vascular y neurólogo, estas especialidades son las que se debe consultar cuando uno nota fallos en las extremidades inferiores; ya sean dolores, debilidades, hormigueos etc.  Por mi parte,  tengo la costumbre de acudir en busca del  paciente a la sala de espera. Le observo levantarse, caminar hasta el despacho; una información inestimable para el neurólogo. Raro es el caso que no diagnostico  antes de que el paciente tome asiento.

Vas cogiendo experiencia. Los años en medicina suman y solo restan en relación a determinados protocolos que requieren buena letra y meticulosidad de hormiga en edad de cumplir órdenes.  Pero, por lo demás, la  práctica clínica   te enseña a conducir con destreza, paciente a paciente, aprendes  que  cada caso clínico es único y al mismo  tiempo lo más frecuente es lo más frecuente: dos premisas esenciales para evitar excesos en pruebas molestas  y  sustos por  comentarios desenfadados  sobre horribles enfermedades que luego resultan no son el caso. Prudencia y   al mismo tiempo sinceridad, evitar alarmismos innecesarios,  aconsejar sobre   la conducta a seguir, en ocasiones, el control de la evolución será la clave. En resumen, los protocolos ayudan, pero, el manejo de cada paciente  es  individual y   se aprende a base de práctica.  Aciertos y algún error que no olvidas. Pero, sigamos con la marcha.

Si el paciente se levanta del asiento sin problemas; mucho ganado, muchas patologías descartadas. Arranca bien la marcha; buena señal. Si se aprecia cierta inestabilidad y una separación de   las piernas mayor de lo habitual… si arrastra los pies… si cojea… si no bracea  al caminar,  si inclina  en exceso  el tronco… el momento en que atraviesa el marco de la puerta del despacho es  especialmente relevante; si precisa agarrarse, si se queda bloqueado… cuando el paciente se sienta frente a   la mesa  del despacho, su expresión facial  te aporta mucha información. Y comienza la anamnesis;  una conversación que hay que procurar sea  fluida evitando  dirigirla en exceso. Permitir que el paciente se explique, procurar   interrumpirle lo menos posible,  si bien,  conocer de entrada el principal motivo de consulta te  ayuda  a intercalar las preguntas adecuadas para llegar a un correcto diagnóstico.  En esos momentos, el mundo, tu mundo, desaparece;  es el paciente y sus problemas los que invaden tu atención.  Por mi parte,  hace tiempo que decidí quitarme el reloj y así evitar el acto casi reflejo de mirarlo de reojo.  A mi manera, controlo el tiempo,  aunque a veces el retraso es inevitable.  La consulta llena; un alivio en esta temporada de comercios vacios. A ver si comienza a caminar de  una puñetera vez esta economía aunque sea arrastrando los pies.  (FOTO: Mikko Lagerstedt; fotografo finlandés)