Dicen que Pepe es una persona afable y normal fuera del campo de futbol. Si lo dicen, habrá que creérselo. Dicen que es un gran defensa, tampoco lo discutiré, puesto que casi sólo me fijo en los defensas cuando se lanzan al ataque; entendiendo por atacar algo bien distinto a las acciones descontroladas de este jugador.
Ser consciente de tus actos -por lo tanto responsable- pero no saber controlar a tu cerebro emocional. El ejemplo típico es el de dos conductores en plena batalla de insultos desproporcionados por un pequeño incidente viario. Por desgracia, en un momento dado, a la mayoría nos puede ocurrir, pero, si resulta que la profesión de uno es lo que desata el descontrol, el asunto se complica. De entrada uno queda invalidado para dicha actividad, al menos, hasta que un equipo de psiquiatras y psicólogos especializados lo autorice después del correspondiente tratamiento o terapia que no suele ser corta en tiempo ni sencilla en su aplicación.
¿Recordáis las muñecas rusas? superpuestas una sobre otra. Más o menos así ha ido evolucionando nuestro cerebro. Por encima del tronco cerebral o cerebro del reptil se sitúa el sistema límbico o cerebro emocional formado por unos acúmulos de sustancia gris conectados entre sí a modo de anillo. Y por encima de ello se situa la corteza cerebral con las zonas más evolucionadas de nuestro cerebro localizadas en las áreas prefrontales. Tres cerebros en uno. Todo interconectado.
Entra un tigre en tu habitación. La señal llega inmediatamente al sistema límbico. La rueda del miedo se pone en marcha. El corazón se acelera. Las pupilas se dilatan. Los músculos se tensan. A la zona frontal también ha llegado la señal. Analiza la situación. Si el tigre resulta ser tu marido disfrazado, esta zona frontal consciente o racional manda señales al sistema límbico para que frene la rueda del miedo. Y nos relajamos. Así funciona el miedo. Y así funciona la ira irracional de un jugador dando patadas a otro sin control, con su cerebro emocional saltandose las órdenes de su cerebro conciente hasta que ya es demasidado tarde para la integridad física del contrario.
Ira, miedo, alegría, tristeza; emociones básicas y emociones secundarias producto de su combinación; las importancia de saber controlarlas. Primer escalón. Y también la importancia de saber escucharlas. Segundo escalón. El instinto de nuestros antepasados. Para otro día.