viernes, 24 de febrero de 2017

Manchester frente al mar

Llego de ver una gran película. Grande y no sabría explicar exactamente el por qué. Me he puesto a escribir esta entrada en mi blog con el deseo de que  las palabras me conduzcan hacia la profundidad precisa. El drama humano que le sucede al protagonista es de tal calibre que le deja mudo frente al infinito. Pero en el guión no está la clave. Cuantas veces vamos al cine y salimos sin poder contener las lagrimas. De esta película  sales con el corazón encogido, aunque seco, completamente seco. El actor es soberbio, trasmite su dolor sin artificios, pero tampoco creo que todo el mérito de la película recaiga sobre él. Una interpretación magistral filmada de un modo especial; pocos medios, los  justos, aunque la cámara juegue un papel importante en el resultado, ni mucho menos me parece que el secreto de la gran obra filmada se encierre en las imágenes. No sé, tal vez es un conjunto, si bien hablar de un conjunto es equivalente a no desvelar nada, no sé bien,  la verdad,  un dolor tan bien contado, tal vez, sólo tal vez, en la intimidad de ese dolor esté la clave, en la incapacidad para superarlo, en la distancia que como espectadores nos mantiene tanto el actor como el director, guionista, el conjunto.

Manchester frente al mar, no pretendo adivinanza alguna, simplemente soberbia. Me ha traído a la memoria a las personas que a lo largo de mis años de profesión médica han ido acudiendo a mi consulta por uno u otro motivo y que, de repente, sin más, en muchas ocasiones sin ninguna relación con el motivo de consulta, sale a relucir no la causa de su problema actual  sino un dolor de fondo;  infinita tristeza. Y, en los casos a los que me refiero, no se trata de culpa sino basta con la  perdida. Diez, veinte, treinta, no es cuestión de años, como si el paso del tiempo de nada hubiera servido, y no es por falta de entereza, al contrario, viviendo, diez, veinte, treinta años, admirable entereza, entre líneas, ese dolor insuperable. No sigo. Ir  a verla. 

                                       



sábado, 21 de enero de 2017

Los prisioneros del estrés

A pesar de que sigo decidida a no encender la televisión el tiempo que nos toque tener que aguantar al horrible Trump, Trump a secas, sin señores ni deferencias por mucho que le hayan votado  tantos millones de personas; qué le respeten ellos, qué se traguen ellos sus palabras ahora que es de suponer las contenga el mínimo necesario para mantenerse en el poder; emocionada ante Meryl Streep y su rabia contenida que apenas le permitió expresar en púbico al recoger un premio su indignación ante las tantas y tantas sandeces salidas de la campaña de este personaje para no dormir; a pesar de que mantengo  una buena capacidad de abstracción y concentración, a pesar de ello, me siento algo desbordada ante el montón de libros que estoy leyendo para escribir el libro basado en mis recuerdos y mi padre: Barcelona, Gaudí, el modernismo, historia, novelas, economía y política; además de ello, varios libros de amigos en cola, y  ahora el recién salido de mi hermano sobre la época nazi y dos músicos componiendo en el campo de concentración; por no comentar los temas médicos, como una conferencia para la semana que viene sobre las migrañas y su estado de conocimiento actual; avances, muchos avances, revistas y más revistas, artículos a revisar.


No sigo. No es estrés, pero como siga quizá explote; una típica crisis de ansiedad que de repente aparece a modo de mareo, taquicardia, sensación de ahogo o hormigueos.  Lo habitual es que el paciente acuda a la consulta preocupado por sus síntomas. Lo de menos es el estrés, apenas lo comenta, incluso no lo comenta y solo con preguntas directas te enteras que está en pleno divorcio,  no puede pagar el alquiler del piso, sus negocios son perdida tras perdida. La impresión diagnóstica es clara pero como el cuadro presentado haya sido con sintomatología orgánica  con datos de focalidad neurológica, es decir, resulta que los hormigueos no los ha sentido en todo el cuerpo, sino en medio lado, incluyendo media cara, media vida, pues no hay más remedio que excluir patología cerebral con las pruebas correspondientes, para colmo, pruebas que muestran hallazgos de dudosa significación clínica pero que hay que controlar, estudiar más. Así estamos, estresados todos hasta que nos toque alguna enfermedad y la vida pase a ser lucha contra lo que de verdad es preciso luchar. Buen fin de semana,  amigos, no me olvido de mi blog, pero ya veis que no estoy para mucho blog. 

Los prisioneros del paraiso
Xavier Güell   
                                                          


                                            
                 
                           

domingo, 27 de noviembre de 2016

La hora de Cuba



Toca descanso. Finalizado el primer capítulo de los tres previstos. Según me especifica una amiga experta, más que una novela de no ficción lo que estoy escribiendo es una biografía novelada, creí entender la diferencia, pero, se me ha olvidado, o no me quedó suficientemente clara. En todo caso, real y pasado, presente, pensamiento y actividad. De los muchos proyectos en los que se implicó mi padre, temía en especial al del Círculo de Economía aún vigente y en plena actividad.  Muy significativo para él, no lo viví de cerca, revisar lo publicado sobre la historia de esta entidad, pensé que me iba a suponer un problema no ya de tiempo sino de interés y comprensión. En mente, el master de economía de la Salud que realicé hace ya bastantes años,  aún recuerdo lo que me costó superarlo. Entre la filosofía y las matemáticas, una ciencia mucho más alejada de la práctica cotidiana de lo que suponía.  Interesante experiencia que me sirvió para reforzar mi vocación de médico de bata y martillo.

Pues bien, grata sorpresa, un placer. Adentrarme en la historia del círculo de Economía ha resultado todo un aprendizaje y descubrimiento. Entidad nacida en 1958 -coincidencia que no desvelo- estricta prohibición de cualquier asociación de carácter político ajena al régimen. Sus fundadores -mi padre entre ellos- la registraron como ‘club comodín’ con el ajedrez como actividad recreativa. Reunión a reunión, un proyecto cuya intención  no era ocultarse sino analizar problemas plantear, soluciones y compartirlos con la opinión pública. Modernizar la economía; incorporarse a Europa, economía de mercado, democracia. Entre lecturas obligas, un articulado  publicado en una revista del ministerio de comercio me ha supuesto una  satisfacción muy especial. Marzo 1968, ‘El empresario ante el futuro’ frase, tras frase sin desperdicio;  larga etapa de aislamiento... necesidad de reformas para incorporarse a Europa… al grano, sin dobles tintas, razón y compromiso. Deseando publicar mi libro y añadir este articulo de mi padre como presidente por aquel entonces del Círculo de Economía. La capacidad de actuar desde la osadía del valiente y la inteligencia y templanza de quien conoce el terreno por donde circula y opta por la prudencia firme y serena sin renunciar a la libertad.

Siempre intento introducir en cada entrada de mi blog hechos míos cotidianos en relación a otros de actualidad y en base a aspectos de la mente humana y al paciente en particular, en esta entrada, el paciente es Cuba, paraíso prisionero de su historia como otros tantos de ayer y de hoy, ojalá no de siempre. Es su hora. La hora de las personas que como mi padre permanecieron serenos y atentos,  formándose  para este momento, trabajando y pensando en busca de las mejores soluciones para la sociedad en su conjunto, suerte y mucho ánimo.


                                  







sábado, 12 de noviembre de 2016

Minimizar el impacto


Minimizar el impacto. ‘El sol seguirá saliendo cada mañana’  el más  pálido amanecer para el primer expresidente negro norteamericano de la historia, menudo final de historia, de la retorica de gesto y palabra elegante, a la victoria de lo peor en cuanto a formas y contenidos, más de un año cambiando de canal, repulsión hasta el punto de tener que cerrar los ojos, imposible escucharle, enterándome de sus disparates por artículos sin su rostro, insoportable, intolerable machismo, racismo, lo peor que llevamos dentro al mando y  cabeza de mi admirada nación.

Minimizar el impacto. Se adaptará, ya se está adaptando, suavizará sus formas, lo que dijo ya no lo dirá, imborrable este año de disparates, ya veremos lo que vendrá, por mi parte, venga lo que venga, seguiré cambiando de canal, cerrando los ojos, pasando página, repulsión, vergüenza y tristeza, desazón, ilusionada con mi inglés, recién llegada de unos días deliciosos en Cambridge, el idioma de mis sueños, desde este amanecer, menos ilusionada.

Minimizar el impacto. La salud por delante, una paciente que acude a mi consulta por presentar hormigueos en sus manos y pies desde que inició la tanda de quimioterapia que no tiene más remedio que continuar debido a su cáncer de mama; un matrimonio mayor y sin hijos cuyos recursos no alcanzan a poder explorarles a fondo sus funciones superiores pero que todo parece indicar ambos presentan una demencia degenerativa tipo enfermedad de Alzheimer, ella cocina, olvida el fuego, él conduce, conduce estupendamente, según me aclara, imposible afirmación ante sus problemas evidentes de orientación, memoria; el siguiente paciente lo remiten de urgencias, una parálisis facial, de repente, no cierra el ojo, la boca desviada, no sigo, evidentemente, la salud es lo que importa, siempre nos quedará Leonard Cohen, eterno, Suzanne, Canadá.


                                           
                                         

lunes, 19 de septiembre de 2016

Juego de supervivencia magistral

Como ya comenté, estoy iniciando una novela de no ficción. Entre mi trabajo, congresos, mi compulsivo interés por el idioma inglés y este libro en marcha, poco tiempo me va a quedar  para mi estimado blog, no obstante, seguro que encontraré algún hueco ante cualquier caso relevante e inspirador. Ventajas de no tener cenas familiares, maridos, ni programas de televisión que me apetezcan ver. 

Esta mañana no me he quitado  el sombrero porque solo llevamos bata, pero  me lo habría quitado frente a esta paciente y su magistral recurso para entretenerse y de paso trabajar su memoria. Hoy era su primera visita pero por lo que he podido apreciar mucho me temo que presente una demencia degenerativa tipo enfermedad de Alzheimer en un estadio más o menos inicial, aún razonando bien, muy perdida su memoria reciente e incluso su memoria inmediata como enseguida veréis.

Ronda los 80 años pero con buen estado general. Vive sola aunque tiene un hijo en el piso de arriba y una hija que no vive lejos. Viene acompañado por el hijo. Este dato lo comento pues llevo tiempo observando que   la misión de acompañar al médico a los padres cada vez más recae sobre los varones, cierta lógica. Sin duda, un gran salto social  hacia delante, satisfactorio, justo. Eso de que la carga del cuidado de nuestros progenitores recaiga sobre el género femenino ésta comenzando a estar tan  anticuado como el que el hombre trabaje y la mujer se quede en casa, imparable. Aún falta.

Siguiendo con el caso de mi paciente. Encantadora y estupenda mujer que no da demasiada importancia a lo que le pasa, incluso se nota que añade cierto sentido del humor en su vida y en sus explicaciones. Hablando de sus actividades cotidianas, viuda, vive sola, se entretiene como puede, juega a cartas, me comenta. Estupenda actividad para su cerebro, le respondo, así se relaciona con más gente y de paso trabaja su memoria. Juega sola, me dice sin añadir drama alguno. Solitarios, mi abuela también hacia solitarios, le comento. No, no, juega a no sé qué juego de cartas que es para dos personas. Alucino un poco, dejo que siga explicándose, evitando demostrar abiertamente mi extrañeza pero al mismo tiempo interesada en cómo demonios es posible que juegue sola a un juego de dos.

Pues muy sencillo, me explica. Se coloca en una mesa,  ella misma contra ella misma frente a frente. Cuando le corresponde  jugar,  mira sus cartas, las cartas que tiene en ese momento entre sus manos, las analiza, elige la que considera más adecuada para desprenderse de ella o coger otra o las reglas del juego  que sea, y, una vez realizado la opción oportuna, no se cambia de sitio ( quizás podría cambiarse )  mira las cartas de su contrincante y escoge el movimiento que considera mejor. Dado que no tiene memoria, no retiene las cartas de su oponente que acaba de ver apenas hace un segundo, asi pues,  ningún problema, como si fueran dos. 


No he podido evitar sonreír, comentarle que me parece una brillante idea, a patentar, si este juego contra sí mismo fuera rentable. No sé si me atreveré a aconsejarlo a algún otro paciente, pero me ha parecido genial, una obra maestra de supervivencia, de vivir con los recursos que nos quedan, eso es vivir, señores, tomen nota para cuando a muchos de nosotros nos llegue esa etapa.  Buenas noches y buenas cartas. 


                                    




sábado, 10 de septiembre de 2016

La memoria remota

Agradable verano. Muy productivo. El inicio de mi nuevo libro. Las diez primeras páginas de una novela de no ficción. No tardas ni una línea en darte cuenta que este modelo de literatura sigue su propio ritmo. Un ritmo que semeja al buceo. Monólogo interior. Te sumerges y sales a flote, descansas, vuelves a sumergirte. Pasado y pensamiento que requieren tocar fondo sin ahogarse. Contenta con mis primeras páginas, claro el formato, mi voz y hacia donde.

De vuelta a mi consulta, esta primera semana ha sido menos agotadora de lo que temía. Desayunando sin prisas, fin de semana, me viene a la memoria un paciente  con una consulta poco habitual  y en clara relación con mi proceso de libro ya en marcha.

Desde siempre le había extrañado apenas recordar nada de su pasado remoto, pero, desde que vive en pareja, su pareja es una máquina de lo contrario, su infancia, mil anécdotas sobre la universidad, sus viajes… no es normal lo mio, insiste preocupado. Realizó tres carreras y sobre las materias que estudió, ni los nombres. Si le preguntan sobre sus amigos de la infancia, apenas nada. Por lo demás, rinde bien, a sus 47 años está pensando en retirarse y disfrutar del golf y otras aficiones, tan buen gestor de sus ingresos que  sigue realizando a la perfección.

Le adelanto que lo que realmente preocupa a nivel neurológico son los fallos de la memoria reciente, la capacidad de aprendizaje, los problemas de atención que pueda tener en su día a día. En cambio, el pasado remoto no suele ser un problema patológico de relevancia. Compruebo con un rápido test de memoria que su maquinaria de ésta y otras funciones cognitivas está en perfectas condiciones. Paso a hacerle unas cuantas preguntas generales del pasado. datos de conocimiento general, ningún problema.
Me quedo pensativa. La ciencia ha puesto de relieve que  los recuerdos del pasado los reconstruimos cada vez que los recordamos, un sistema neuronal organizado para olvidar, retener lo esencial, por mi parte, lo que recuerdo de mi carrera son días aislados, unos cuantos amigos que he seguido viendo o más o menos en contacto, eso y una película de vida que podría reconstruir en base a emociones que llevo dentro, un conjunto, algún detalle que quedó grabado por su impacto y poco más. A base de bucear, sacaré trozos de mi historia y los encajaré con lugares,  antepasados, sus logros y legado, ya en marcha.
A punto de sugerirle  que intente lo mismo; sentarse frente el ordenador y abstraerse en su pasado. Sumerguirse y disfrutar del resurgir a la superficie, de su presente y las historias de su novia que sin duda tiene  más trabajada su memoria remota, más dotada, más capacidad para reconstruirla, menos bloqueado su pasado que, por otra parte, en el caso del paciente, no refiete ningún trauma especial que explique su problema.

Para su tranquilidad, le pido una RNM craneal y le aconsejo un seguimiento periódico  a ver como retiene a partir de ahora, su rendimiento, su capacidad de aprender cosas nuevas, fijarse y concentrarse. Pensando en mi libro y el gratificante esfuerzo que está resultando reconstruir mi pasado remoto, palabra a palabra, abstraerme en la esencia de lo que fue y no fue. Ya de  vuelta al ruedo de lo cotidiano, feliz aterrizaje,  queridos amigos.  

Comillas
A. L y L. 

                                   

viernes, 22 de julio de 2016

Reconocer nuestros propios deficits

De todas las funciones cerebrales… increíbles, enigmáticas, muchas…  una destaca cuando se pierde. Oliver Sacks en su libro “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”  detalla a modo de relato un caso de falta de reconocimiento de las cosas que vemos. Estar delante de tu mujer y confundirla con un sombrero, una farola... Perfectas las vías visuales, dañadas las áreas que procesan a nivel superior o cortical  la información  que les llega de los órganos y vías sensoriales. Ya sea visual – la agnosia más frecuente- o una falta de reconocimiento sobre cualquier fenómeno perceptivo; sonidos, olores o sensaciones  corporales.  Agnosia. No reconocimiento.

Hablando de falta de reconocimiento, hoy me quería centrar en otra función cerebral tan propia de nuestro cerebro que es como si nunca pudiera perderse. Pero, de hecho, se pierde, se pierde bastante a menudo. Y, en ocasiones, según los casos, según los déficits, hasta un alivio. Ahí va un caso clínico recién visitado como ejemplo a ver si con ello compenso que hoy me encuentro algo densa, será el calor, la necesidad de vacaciones.

El paciente se muestra con la mirada entre risueña y tranquilo, muy afable. Mira a su mujer sin discutir. Ni la interrumpe ni tiene ninguna intención de contradecirla, se intuye cariño mutuo, complicidad; extrañeza y preocupación en ella; en  él  ninguna importancia por lo que le estuviera pudiendo ocurrir. La mujer me explica. Su marido lleva unas semanas con despistes, en otro mundo,  apenas habla, se viste solo, lee o hace ver que lee el periódico, pasea con ella, poco más. 72 años. No es edad para actuar así, aunque hasta hoy no han consultado puesto que se muestra tan tranquilo, no han querido agobiarle. Han comenzado a notar que la pierna le falla y se han decidido a consultar. Tras confirmar un discreto déficit motor de extremidades izquierdas, le solicito  un TAC craneal urgente.

Finalizadas las visitas programadas de la mañana, regresan justo antes de comer. TAC en mano. Infarto cerebral subagudo; de semanas de evolución y en una zona interior del cerebro que no es zona de  agnosias  ni de anosognosias o esta falta de reconocimiento de nuestros propios déficits que es la falta de reconocimiento sobre la que hoy quería reflexionar. Tramito el ingreso para un estudio completo de causas de  patología vascular cerebral y así  evitar  nuevos Ictus, nuevos déficits. Respecto a su cuadro actual… esperemos que mejore.. no me queda claro de donde viene esa falta de reconocimiento de lo que le está ocurriendo. En unas semanas le exploraremos a fondo sus funciones superiores o cognitivas  y se podrá concretar más. Buen estado general, aun con años por delante, proyectos, responsabilidades, esperemos que tome conciencia de su situación, aunque, en ocasiones, cuantas ocasiones, más vale no darse cuenta de los déficit que la vida nos depara, la verdad. Por cierto, buen verano a todos, a ver si en septiembre todos llegamos algo más despejados.

Picasso.