sábado, 6 de abril de 2019

Sobre la eutanasia



Hablar de la eutanasia es hablar de un tema que debería estar ya convenientemente regulado. Con sus luces y sus sombras no puede ser  que el peso  de un acto médico en si mismo recaiga sobre el familiar o el  amigo solo  frente a un momento tan delicado. Pues resulta que esta  afirmación  que ahora la  siento tan evidente hasta esta mañana no la tenía tan clara.

“ La profesión médica debe llegar a una conclusión, debe mojarse;  cuánta razón, pienso mientras leo una entrevista a un médico que  hace ya catorce años terminó con el sufrimiento de una paciente ante las suplicas de su familiar lo que le supuso la consecuente denuncia  de su hospital, la pérdida de su trabajo, un coste personal brutal que ahora nos cuenta en una representación teatral donde cada noche mediante un monologo se expone ante el público que, seleccionado al azar, terminada la obra, interviene como jurado para votar sobre su inocencia o culpabilidad. Brillante.

Delicadísimo tema.  Me imagino a tantas personas  en tantas residencias en el limbo de la vida que ya no es casi vida pero que no por ello vamos a decidir por ellas  llegando con una inyección terminal por mil motivos que se pueden ir ampliando de modo peligrosísimo. La medicina no está para eso; tampoco está para no ayudar en determinados casos tan evidentes como el de una persona que padece una enfermedad degenerativa motora  que progresivamente le  ha ido mermando hasta ya no ser ni siquiera capaz de coger un vaso  con sus propias manos y acabar  voluntariamente con su vida.

Desde mis primeros años en el ejercicio de una profesión que se dedica a paliar dolor, sufrimiento, mejorar síntomas y calidad de vida, curar enfermedades, la medicina ha ido avanzando en todos estos retos incluyendo la conducción de un final lo más dormido posible para el paciente ya en su final.  Pero aún quedan casos en manos de familiares o amigos que ejercen de médicos cuando no lo son. A la profesión médica le toca de una vez por todas mojarse y ayudar también en esos casos. Por supuesto, incluyendo la objeción de conciencia para el médico.  Celebraré mi muerte, se llama la obra que arrasa en Madrid y pronto llegará a Barcelona. “Le ayudé a morir porque creo, ante todo, en la vida”  deseando ir a escuchar tu monólogo, apreciado colega, doctor Marcos Hourmman.  









domingo, 13 de enero de 2019

El sentido de la vida



Hemorragia cerebral.  De repente, un vaso intracraneal se rompe y brota la sangre invadiendo la zona correspondiente. La circulación en el interior del cerebro semeja  un árbol  otoñal sin hojas y  con multitud de ramas que se bifurcan. De los trocos grandes o arterias carotideas y vertebrales a pequeñas ramitas terminales; torrente de circulación arterial que irriga cada zona de nuestro cerebro y desemboca en el sistema venoso menos propenso a romperse, aunque, por suerte, los vasos arteriales tampoco se suelen romper de modo espontaneo o sin una causa que provoque dicha ruptura. 
Son dos las principales causas.  Una a tener muy presente pues se puede controlar perfectamente con medicación: la hipertensión arterial. Una subida brusca y elevada de la presión arterial es la causa más frecuente de que se nos rompa uno de estos pequeños vasos arteriales y la sangre invada el tejido cerebral dañándolo de modo irreversible. La otra causa mucho menos frecuente es presentar una malformación vascular intracraneal con la que habitualmente nacemos la cual  no suele dar síntoma alguno hasta que se rompe.
El resto de causas de hemorragia cerebral son mucho más raras. Y cuando digo raras es que ocurren tan pocas veces que no suelen ocurrir,  pero, desgraciadamente, ocurren. Enfermedades de origen inmunológico como las vasculitis que afectan a los pequeños vasos intracraneales y  también  la posibilidad de una angiopatía amiloide que se relaciona  con una proteína anómala que se deposita en distintos tejidos de nuestro organismo  y, de modo excepcional, también  en los vasos intracraneales. 
Pero algo hay que tener muy presente en estos momentos tan emocionalmente duros querida familia.  Si no hay síntomas neurológicos o de afectación cerebral y el paciente lo que presenta son sintomas o manifestaciones clínicas de problemas respiratorios, pues lo que se estudia son dichos problemas y, a partir de dichos problemas, con las pruebas necesarias  se llega a un diagnóstico de una u otra enfermedad. Diagnostico diferencial que incluye biopsias y demás pruebas y que, a pesar de dichos estudios, en ocasiones, no se llega a ningún diagnostico en concreto y, en esos casos, se intenta paliar los síntomas y se realiza un seguimiento. Complicadas enfermedades, complicados tratamientos, en concreto, la amiloidosis, sin tratamiento eficaz exceptuando paliar síntomas.
La hemorragia cerebral no se tiene hasta que se tiene porque se rompe un vaso intracraneal. De repente se rompe y aparecen los síntomas. Si el vaso que se rompe se encuentra en la zona del tronco cerebral, la expansión de la sangre afecta a zonas vitales hasta poder pararse el corazón dado que en dicha zona se encuentran los centros que controlan la respiración y el latido cardiaco. Es el maldito destino que avisa de modo endiablado en unos casos o no avisa hasta que ya no  hace falta que avise pues la vida se esfuma. De repente, nos vamos, queridísimo primo, antes de tiempo, habiendo dado tanto pero, quedando tanto por dar, dejándonos tu recuerdo, inmenso recuerdo que sin duda nos ayudará a seguir nuestras vidas teniendo muy presente tu ejemplo de esa sabia combinación de saber dar y al mismo tiempo ser uno mismo; escoger una profesión o actividad que nos apasione y volcarnos en ella sin dejar de volcarnos en los nuestros; el sentido de la vida, el único sentido. 



                                                 

                                        



                                      



                                   


                                  
                                         











  







domingo, 23 de diciembre de 2018

El año que vivimos peligrosamente


Tras días de comidas y cenas pre-navidad; la sensación de que giramos en exceso en torno a manjares deliciosos pero no tan deliciosos para nuestra salud o equilibro de peso corporal.
Hay inventos para todos los gustos.  Suprimir la cena en el día que te has excedido a la hora de la comida; eficaz para algunos; desaconsejado por expertos que apuntan a cinco comidas sagradas distribuidas a lo largo del día. Otra alternativa es relajarse y  disfrutar sabiendo que pasado el atracón llegarán semanas de régimen estricto.  Una especie de tiovivo de subidas y bajadas al que me he aficionado  en los últimos años. Al menos no voy incrementando mi peso y volumen año tras año, algo es algo; intuyo que nada saludable para el organismo aunque mucho menos saludable es ese sobrepeso creciente con el paso de los años.
Cambiar hábitos. Envidiables personas que son capaces de compensar sus excesos puntuales a través del ejercicio, fuerza de voluntad. Propósito para el año nuevo de multitud creciente de personas de las llamadas sociedades modernas que sería más exacto llamarlas de consumo. Y pienso en tanto exceso que disfrutamos y que a su vez crea puestos de trabajo; un bucle de locos que cuando se enlentece o desacelera crea la ruina de tantos.
Sin duda, la sociedad debe repensarse. Pero repensarla con visión a largo plazo. Cuarenta años de democracia, por lo que estamos viendo, es  un soplo que puede llevarse el viento hacia los extremos. El centro, ese  centro de la curva de Gauss donde prevalece la sensatez de la mayoría y sitúa como anecdóticas las locuras; una realidad estadística  que está dejando de ser obvia para acercarse a  la categoría de sueño;  la democracia no es un sueño, pero es un camino que debe remarse, cuidarse. Aterrizar y dase cuenta de algo tan obvio; eso hemos aprendido muchos en estos tiempos que nos están tocando vivir. Entre  derivas viscerales de unos e interesadas de otros.  El año que vivimos peligrosamente. Así resumiría este año para todos aquellos  que asistimos tan pasivos como  horrorizados a la deriva independentista en nuestro pedazo de tierra  que no es  nuestra sino de nadie  y que no tardará en empobrecerse de modo definitivo o al menos durante décadas como no venga alguien de altas miras que sustituya  a tantas mentes obcecadas en lo que no es suyo y a lo suyo. Menudo año más agobiante, desanimante. Cómo en el caso del sobrepeso, frente a tanta falta de equilibrio: un balneario prolongado.  

                                               
                              
 


domingo, 16 de diciembre de 2018

El camino continua



Nueva etapa. Otro libro. Sin prisas, ahora toca adentrarme de nuevo en el campo de la divulgación médica; el cerebro y sus misterios; la mente o esa oscuridad que se va aclarando a través del paciente. Cada caso clínico es un pozo de conocimiento para entender el funcionamiento de un órgano extraordinario que nos hace ser conscientes de nuestras propias vidas. 
Oliver Sacks, neurólogo y escritor, un sabio; ese modelo de neurólogo en extinción, pues las actuales pruebas diagnosticas facilitan nuestro trabajo como clínicos hasta el punto de que la gran mayoría de  jóvenes neurólogos escogen dedicarse a la investigación de una u otra enfermedad y va quedando atrás la figura - ekn mis tiempos de residente tan admirada- del neurólogo sabio que a través de una afinada historia clínica y meticulosa exploración física desvelaba lo que le sucedía al sistema nervioso del paciente sin necesidad del gran arsenal de pruebas complementarias actuales. Detalles y precisión minuciosa de los síntomas y signos clínicos como herramienta esencia de diagnostico y también literaria; estás fueron las armas de Oliver Sacks para haber llegado a ser una  reconocida eminencia en el campo de la neurología así como un magnifico divulgador científico y escritor de novelas literarias seguido por multitud de lectores en todo el mundo.  “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”  “Veo una voz”  dos de sus libros más admirables a disfrutar y a aprender.  
Por mi parte; mi propio estilo trabajado durante  años, mucho menos sabio, más cotidiano. Mientras Oliver Saks utiliza casos inusuales y extravagantes para, por ejemplo, describir la frecuente  dificultad para distinguir caras o prosopagnosia que aparece en  la mayoría de casos de demencia degenerativa, por mi parte, dado que, en mi cotidianidad clínica, mis pacientes no llegan al extremo de confundir  a su mujer con un sombrero, pues eso, menos extravagancia en los casos clínicos en los que sustentar mi libro,  pero, si a estos pacientes les observas y exploras atentamente, siempre se encuentra un sinfín de detalles tan sutiles e interesantes como significativos para describir y reflexionar sobre las maravillas que encierra nuestro cerebro. Literatura y ciencia; ciencia y literatura; humanidad.
Ese va a ser mi camino durante mis próximos meses o años; el tiempo necesario; paso a paso, caso a caso, desvelando al lector las posibilidades de su propio cerebro. Hace ya más de diez años publiqué “ El cerebro al descubierto” un libro  que pretendía abarcar un exceso de conocimiento, todos los conocimientos del mundo, pasados los años,  el camino continua con más años y más experiencia como neuróloga y escritora, otro camino, el mismo fin, más modesto, más cercano. Felices navidades y año nuevo, queridos seguidores de mí querido blog.

                                        



viernes, 7 de diciembre de 2018

Empatía entre médico y paciente


Mecánico. Más que preocupado, parece intrigado.  Se quema a menudo. Mientras trabaja, sin darse cuenta, sin ese reflejo de dolor inicial que te hace retirar la zona corporal en riesgo en el momento del impacto, de repente,  se encuentra con la correspondiente y aparatosa ampolla producto de su falta de sensibilidad al dolor o a lo que espera que, por mi parte, como especialista, le aclare.
Mientras le escucho, siento que detecta mis pensamientos  y, a su vez, también yo capto lo que él piensa. Agradable empatía que nos traslada a un curioso intercambio de papeles. El paciente me trasmite que no debo preocuparme si no soy capaz de resolver su problema.  Más que un alivio, un entendimiento que agradezco. E imagino que, por su parte, encontrarse con un médico que no oculta su ignoracia o limitaciones, ciencia incluida, le desencadena una especie de sentimiento paternalista. Resumiendo, algo asi como una reconfortante comprensión y apoyo entre colegas. Al fin y al cabo, nuestras profesiones están hermanadas tanto en la necesidad de diagnóstico como en la consiguiente búsqueda de soluciones.
El caso es que, efectivamente, aunque le solicitaré las pruebas oportunas, por los datos de su historia clínica, presupongo que no se llegará a saber qué demonios le ocurre para quemarse tan a menudo. Paso a explorarle y confirmo que todas las sensibilidades las mantiene conservadas. Tanto la táctil como la posicional y, en su caso, en especial, la termo-algésica que exploro mediante un pequeño pinchazo con una aguja en distintas zonas de su cuerpo que nota perfecto; vías sensitivas que ascienden desde los receptores distribuidos por toda la piel, pasando por la médula espinal hacia el interior del cerebro dirigiéndose a las zona más superficiales de los lóbulos parietales.
Si su problema estuviera localizado únicamente en los brazos, entonces el motivo de dicho cuadro habría que buscarlo en la médula cervical. Por ejemplo, una siringomielia o cavidad anómala en el interior de la médula que puede ser de nacimiento o debido a un traumatismo y que en determinados casos se va abriendo provocando síntomas como dicha alteración de la sensibilidad. Pero este no es el caso, ya que el paciente refiere quemarse  por todo el cuerpo, cara incluida.
Interesante tema. Pero, más allá del apasionante campo de la recepción de estímulos sensoriales esencial para nuestras vidas, lo que me ha impulsado a escribir esta entrada, lo que realmente me ha interesado de este caso, ha sido esa empatía, ese intercambio de papeles.

“No se preocupe, termina diciéndome mientras mete en su cartera los volantes de las pruebas que le he solicitado que incluyen una resonancia cráneo-medular completa- si, como usted sospecha, no se encuentra una causa a mi problema, mucho mejor, consultaba más que nada por curiosidad,  ya me las apaño con mi problema, cuestión de estar más atento. Gracias, colega, pienso, mientras le doy la mano al despedirme.


                                           


                                             



domingo, 2 de diciembre de 2018

Fallos de memoria alarmantes



Antes me ponía de ejemplo.  “No se preocupe, a mí también me ocurre”.  Inolvidable el recuerdo del despiste de  cuando me trasladé a Madrid a iniciar la residencia  de neurología.  Mi peine en la nevera de mis parientes que  escrupulosamente respetuosos con su invitada… ni nombrarlo… hasta que se me ocurrió preguntarles si lo habían visto por algún lugar de la casa. Aún nos reímos.
Despistes que se suelen atribuir a falta de atención. Desde luego, mientras uno deja un peine en la nevera está pensando en todo menos en el peine. Ante un paciente preocupado por sus despistes, siempre trato de explicarle que lo realmente preocupante como posible inicio de un deterioro cognitivo camino de una demencia no es el despiste en si mismo sino la frecuencia o números de objetos perdidos, olvidos, repeticiones que nos ocurren a lo largo del día. Como una balanza; una balanza claramente a favor de un buen rendimiento en nuestras actividades cotidianas.  Por otro lado, también debemos tener  en cuenta la categoría del despiste en sí mismo. Pues, si un despiste del tamaño de un peine en la nevera, se va repitiendo con asiduidad, la consulta al especialista en despistes es más que aconsejable. Algo en la línea del  ejemplo de quien se ducha, se viste y acto seguido se vuelve a duchar; evidente lapsus llamativo y preocupante; de ocurrir puntualmente; perdonado. Pero, si ocurre  regularmente, pues no es normal. 
Como la medicina no es matemática  y  no se trata de contabilizar los despistes y consultar o no al especialista en base a ello, lo aconsejable es visitar a un neurólogo y,  éste, en la propia visita,  valorara  la importancia del problema. “No se preocupe… eso también me ocurre a mi”…   solía comentar, solía, pues, desde hace unos pocos años… ya no, ahora, además de ello,  suelo añadir… antes me ponía de ejemplo para tranquilizar a mis pacientes, ya no, continuo rindiendo  bien, incluso mejor pues los años me han dado esa dosis de experiencia  importantísima que no se aprende en los libros ni en los congresos sino en el día a día de la práctica clínica, si bien, antes me acordaba a la perfección de la historia de un paciente que había consultado meses atrás sin necesidad de recurrir a los datos apuntados en su historial, ahora no, ahora, incluso la cara,  su problemática, no diría  borrada, sino obnubilada entre el conjunto de pacientes, y no ya meses,  apenas un par de semanas atrás, o reviso su historial o debo deducir lo que no recuerdo y no recuerdo pues mi memoria no solo ya no es la que era -algo absolutamente normal por la edad-  sino que ahora comienzo a pensar que  debería preocuparme y someterme a la consulta de otro neurólogo. No sé bien, la edad no perdona, pienso, en todo caso, ya no me pongo de ejemplo.




                                               

sábado, 29 de septiembre de 2018

Mas que pruebas... observación




Su expresión al entrar en mi consulta no engañaba. Sobrinas de un matrimonio mayor sin hijos, acudían sin la paciente para mostrarme las pruebas solicitadas en la primera visita realizada hacía apenas un par de semanas, pero ya me podían adelantar que el tratamiento que había pautado a su tía había resultado más que satisfactorio. Èxito o milagro. Aunque con prudencia,  ya podía caminar.
Mujer de más de 85 años, desde hacía meses se mostraba incapaz de dar dos pasos y a pesar de diversas consultas médicas realizadas nadie les había informado de posibles causas ni tratamientos. La edad, la edad y sus múltiples problemas de salud que terminan por limitarnos hasta el punto de no poder caminar sin una causa sino muchas; la espalda, las rodillas, debilidad general, inestabilidad… Apreciación que debe tratarse de concretarse al máximo para conseguir algún éxito de vez en cuando. Éxito de la medicina y éxito de la observación clínica.
En este caso, la evidencia del principal problema que impedía caminar a la paciente quedaba enmascarado por la sobreprotección de sus acompañantes –marido y sobrinas- que, en cuanto la mujer trataba de incorporarse de la silla, se lanzaban a ayudarla e impedían visualizar lo que realmente le ocurría.
Así pues. Mi primer acierto.  Pedir a los acompañantes que se sentaran y pasar a explorarla sin su ayuda.  Sin levantarla de la silla, valorar la fuerza de sus extremidades, la rigidez, reflejos. Nada. Ni déficit motor ni otros datos neurológicos que explicaran su imposibilidad para caminar.
Tocaba verla levantarse, caminar. Fijé las ruedas de la silla y la ayudé a incorporarse. Un miedo evidente, pero confiada ante mi  atención y ayuda, apenas necesité ayudarla. Una vez en pie, la evidencia de su problema.
Temblor ortostático. De pie, imposible dar ni un paso pues le aparecía un temblor de todo el cuerpo invalidante.  Atribuido a un supuesto miedo a caminar, ni la paciente ni los familiares, habían nombrado la palabra temblor durante la anamnesis o recogida de datos de su historia clínica que se realiza previa a la exploración física.
Un temblor de mayor o menor intensidad, invalidante o no, pero que, por lo general, se trata de un temblor benigno al no acompañarse de otros síntomas de la enfermedad de Parkinson, enfermedad que suele manifestarse con una gran variedad de problemas motores, pero, que, cuando cursa con temblor, éste es de reposo y no de actitud.
Un temblor que suele responder al tratamiento con propanolol en el sentido de disminuir su intensidad aunque no lo elimina ni  cura el proceso tras un tiempo de tratamiento.  En el caso de mi paciente, un temblor que había respondido a dosis bajas de dicha medicación de modo algo más evidente y satisfactorio para la calidad de vida de lo que habitualmente suele responder.
Un éxito de la experiencia en la práctica clínica del paciente neurológico que a pesar de los enormes avances en pruebas diagnosticas que facilitan el ejercicio de la medicina, continua sustentándose en la anamnesis y la exploración física rutinaria sin más armas que una camilla, un pequeño martillo y la observación y rigor en dicha historia clínica inicial. Quien no sabe lo que busca, no sabe lo que encuentra. Estudiantes y no tan estudiantes; un tan sencillo como aleccionador caso para todos. 

   

                                           






                                        


                                           



                                          


















sábado, 22 de septiembre de 2018

Alguien completamente sano


Frase  leída en facebook hace un rato mientras desayunaba y navegaba o picoteaba con el móvil, al estar los periódicos del bar ocupados. “En las investigaciones sobre las enfermedades se ha logrado un avance tan grande, que cada día es más difícil encontrar a alguien completamente sano” Aldous Huxley.
Sí y no. De acuerdo y en desacuerdo. Como frente a  tantas afirmaciones, quizás todas; rascando; reflexionando; a más vida o experiencia, más de acuerdo y en desacuerdo con cada afirmación ante nuestras narices.
El caso es que llevo solo una semana reincorporada tras las vacaciones a mi consulta; una semana un tanto agobiante justamente por lo contrario.  Paciente tras paciente, o, más propiamente, personas sin ninguna paciencia ante su hartazgo por llevar año tras año acudiendo a distintos especialistas sin que ninguno de ellos asuma su problema de salud como un problema de salud más allá del síntoma en concreto sin diagnostico ni solución exceptuando intentos de medicaciones que ya han sido probadas anteriormente por indicaciones de otros médicos consultados y sin éxito puesto que de lo contrario no seguiría insistiendo en su desesperada búsqueda de un especialista que le descubra de una puñetera vez cual es la causa de su sensación de mareo permanente o unos zumbidos en el oído o un cansancio extremo que no quiere volver a escuchar se trata de un cuadro sin importancia cuando  está convencido de que alguna causa orgánica debe ser la causa y los médicos, ni idea; desesperante para el paciente; desesperante para el médico. Una semana agobiante.
Formada en la paciencia ante la impaciencia de determinados pacientes que acuden a mi consulta después de vueltas y más vueltas acompañados de todo tipo de pruebas, les escucho, les entiendo; desesperación con exceso de exigencia incluida; trato de explicarles que sus síntomas  no son producto de su imaginación, pero su imaginación traducida en ansiedad empeora dichos síntomas; en ocasiones conecto con el paciente y el paciente sale incluso algo aliviado, al menos, no sale enfadado. Esta semana, esta semana, señor Aldous Huxley, todos para usted.


                                         

domingo, 29 de julio de 2018

La odisea del inicio del verano


Frente al ordenador. Preocupada.  El paciente y sus padres aún en la recepción de mi consulta cerrando trámites. Aún a tiempo de levantarme e ir en su busca.  Descargarme de un exceso de responsabilidad respecto al  optimismo trasmitido en lo que respecta a mis explicaciones durante la visita para evitar amargarles las  vacaciones.  Sin poder predecir el futuro inmediato, a pesar de las lesiones objetivadas en la resonancia craneal que aportaba, si el  joven llevaba dos años  con quejas  diversas pero todas muy sugestivas de ser secundarias a un cuadro de ansiedad con somatizaciones varias, pues  lo más probable era que  en este mes de vacaciones  continuara por la misma senda de síntomas inespecíficos y sin relación con las lesiones objetivadas en la resonancia recién solicitada por su médico de cabecera. Lesiones en la zona cerebral llamada de sustancia blanca en ocasiones son inespecíficas y en otras indicativas de  esclerosis múltiple.

Una y otra vez… padre y madre, el hijo callado. ¿Puede viajar? Un viaje a Bali. ¿Podemos quedarnos tranquilos? Pues no. No exactamente.  Pero lo sencillo no me surgió sencillo. Sin querer amargarles el verano, les comenté que debería realizarse una punción lumbar para analizar el líquido cefalorraquídeo que ayudaría al diagnóstico y confirmaría la necesidad de iniciar o no un tratamiento enfocado a que dichas lesiones no se reactiven. Un estudio que debería realizarse en una unidad especializada.

¿Pero puede esperar a  después del verano? Otra vez y otra vez  opté por no  amargarles el verano. A mi favor, las imágenes que aportaba eran de muy mala calidad y el estudio de resonancia se debía repetir para confirmar dichos hallazgos.  Así que al final les aconsejé que  en  cuanto regresara de su viaje  – volaba en dos días- se realizara dicha resonancia y debería ya tener solicitado una visita urgente en una unidad de esclerosis múltiple para la realización  de la comentada punción lumbar.

Más de dos años con síntomas y resulta que llega el verano y dos días antes de un viaje a la otra punta del planeta acuden a la visita del especialista para que les autorice a pasar un verano tranquilo. 

Mientras introducía los datos clínicos en el ordenador, dudé en levantarme; no lo hice. Esperemos que tras dos años sin haber tenido ni un solo brote de dicha enfermedad sospechada por las imágenes de la resonancia, esperemos que aguante un mes más. Esperemos que todos aguantemos un mes más. Feliz verano a todos.   


                                   
                                       



sábado, 7 de julio de 2018

De repente, el silencio


Instalada unos días en un lugar idílico;  interior rodeado  de olivos, divisando el mar a tres minutos andando  a través de un campo despejado. Tumbona bajo un árbol, frente a una piscina en línea con el  horizonte.  Días de desconexión  aunque con el móvil a mano; silenciado entre cremas protectoras.  Cada cierto tiempo, la mano en su busca, algún mensaje, estos días, muy en especial sobre mi recién publicado libroestá gustando; eso me trasmiten. Contenta; cada cierto tiempo,  un nuevo mensaje. De repente, uno del todo  inesperado, helador

Un infarto fulminante, así se acababa de marchar un buen amigo de mis veranos en Comillas, excelente arquitecto; justo me encontraba pensando en él para un posible  proyecto  del estilo del que estaba disfrutando;  justo acabábamos de vernos al encontrarse de paso en Barcelona el día de la presentación de mi libro; la ilusión mientras se lo dedicaba; A Inés y a Antón; Antón, Comillas no será lo mismo sin ti, tú que parecían inmune al paso del tiempo;  tú que que siempre lo tuviste claro, Comillas, lloviera lo que lloviera; tus aperitivos, tu familia, tus amigos.

Respirar hondo no es suficiente, así de repente llega el silencio, el corazón se para por la obstrucción de un vaso que justo se encarga de la irrigación de una zona vital para seguir bombeando. Respirar hondo no es suficiente, hace ya unos años otra amiga se marchó así, aún siento el vacío, aún  la siento presente.

                                           


sábado, 16 de junio de 2018

Una noche extraña


Ayer fue una noche extraña.  Mientras disfrutaba de la presentación de mi nuevo libro rodeada de familia y amigos;  un libro en donde realizo un repaso de la vida de mi padre y su recorrido a través de mi propio pasado y recuerdos; de la infancia a mi primer hospital; de mi primera novela, al libro  sobre el cerebro;  mientras la sensación de satisfacción  del momento me iluminaba la mirada firmando ejemplares, LA REDACCIÓN DEL PADRE, una persona muy querida se pasaba toda la noche en una sala de urgencias de uno de nuestros hospitales de más prestigio de la red sanitaria pública aguardando a que le asignasen una cama a su hijo.

El jardín, la piscina, el vino, esplendido;  impecable noche bajos las estrellas, mientras en los boxes de urgencias desbordados de pacientes esa persona tan querida se enfrentaba a una noche de infierno. El mejor hospital; los mejores médicos, especialistas de todas las especialidades, enfermeras de una gran competencia, ante tanta excelencia, la realidad: unas urgencias insuficientes y sin los mínimos recursos necesarios para que el  paciente que acude enfermo no pase la peor de sus noches en espera de cama.

La sanidad universal es un gran logro de nuestra sociedad. El reto: alcanzar el aún lejano umbral de mínimos en lo que respecta a lo que podriamos etiquetar de incomodidad soportable. Conociendo el panorama, ante la creciente  demanda,  se vislumbra paciencia como único recurso personal para superar esa espera.

Y me pregunto. ¿Tanto recurso, por lo visto imposible de asumir, se precisa para alcanzar ese umbral?  Mis dudas al respecto. Confieso la sensación de que la incomodidad es parte de la estrategia disuasoria. La verdad por delante. Si no hay recursos, deberán buscarse otras alternativas de gestión y nuevas políticas  sanitarias, pero, arreglar unas urgencias con las mínimas condiciones para que el enfermo no enferme más, debería plantearse como una urgente obligación de los estamentos responsables.

Y  mi noche estrellada resultó un éxito. El fruto de más de dos años en 250 páginas de vida y pensamiento, la lucha de mi padre contra su enfermedad, mis desvelos como hija médico, la redacción del padre, ese modelo de redacción que me enseñó mi padre a mis diez años para superar un suspenso en lengua. Un diez en septiembre. Por cierto, tras unos meses sin entradas en mi blog, prometo un periodo de más entradas y más y más  verdad, salud y enfermedad. Buenas noches a todos.


                                     




domingo, 18 de febrero de 2018

Abismos

«Nuestro tiempo es el tiempo de lo que todo se acaba…» así arranca  el  ensayo de Marina Garcés titulado Nueva Ilustración radical. Un pequeño libro de apenas 70 páginas para reflexionar sobre el tiempo que nos está tocando vivir. ¿Hasta cuándo tendré empleo? ¿Hasta cuándo viviré con mi pareja? ¿Hasta cuándo  resistirá el planeta? ¿Hasta cuándo creeremos  en la democracia? Sin duda,  estamos en el tiempo del hasta cuándo.  

Unas simples líneas iniciales me han enfrentado de bruces a la realidad del momento.. En cierta manera, perdidos, un tiempo que suena a rendición, insostenibilidad. Cierro el libro y me pongo a escribir. Seguro que la autora pretendía engancharme con este arranque y pasar posteriormente a exponer sus soluciones, sin embargo, demasiado arranque para toda una tarde de domingo por delante.  

Antes de abrir este libro acababa de hablar por teléfono con un amigo muy querido que me ha contado sus preocupaciones respecto a la adicción a los videojuegos que está observando en su hijo de13 años.  Según su visión de padre inteligente, el problema no radica tanto en las horas que dedica a ello, sino en la absoluta falta de interés que demuestra en el resto de actividades. Enganchado a los videojuegos, el tiempo que pasa realizando otras tareas es tiempo en blanco en espera de lo que de verdad le motiva.  Preocupante, cierto, le comento que debe ser muy habitual en los adolescentes de hoy en día,  le escucho sin aportarle soluciones pues imagino que sabe perfectamente que existen psicólogos especializados en ello. Escuchar y preocuparme por el cerebro de este adolescente que acude cumplidor a las clases de golf de los domingos esperando que llegue la tarde para ponerse delante de la pantalla y disfrutar de su adicción. Pues una adicción a deshabituar es lo que presenta este adolescente. Adicción imagino compartida con millones de adolescentes de las sociedades llamadas avanzadas.

Menuda manera de empezar una tarde de domingo. «Con todos los conocimientos de la humanidad a nuestra disposición, solo podemos frenar o acelerar nuestra caída en el abismo». Otra de las frasecillas lapidarias de esta  filósofa en el arranque del libro comentado. Insostenibilidad del planeta, insostenibilidad del capitalismo en sí mismo. ¿Hasta cuándo podremos los seres humanos aguantar las condiciones de vida que nosotros mismos nos imponemos sin rompernos (individualmente) o extinguirnos (como especie)? Preguntas que apuntan directamente a nuestra fragilidad,  a nuestra finitud.  No sigo. Imprescindible, un paseo, música de Bach y  aire fresco, menos mal que en Barcelona tenemos mar y el mar se nos muestra infinito.


                                         

martes, 9 de enero de 2018

La cruda realidad


Llego de unos días de lecturas al fuego,  paseos,  la luz de invierno  reflejada en el mar y el verde de Cantabria no precisa de nieve para relucir nítida y vital; un buen descanso bien aprovechado.
La primera visita después de estos días me ha devuelto a la realidad.  Una realidad que no admite demoras en el diagnóstico de determinados procesos. 
Hacía unos meses que el paciente había empezado a tener problemas visuales. Tras la habitual espera a despertarse un día sin síntomas, el primer oftalmólogo al que visitó no había encontrado nada relevante en la exploración realizada. Después de unas cuantas semanas sin apreciar mejoría, nueva consulta a otro especialista el cual  lo remitía al neurólogo sin informe pero con las pruebas practicadas, entre ellas, un estudio del  campo visual alarmante.
Si miramos fijamente un punto sin desviar la mirada, todo lo que vemos es lo que se llama campo visual.  Determinados déficits de este campo visual nos están indicando que dentro del cerebro existe  una lesión que afecta a las vías visuales.
Por desgracia, este era uno de estos casos. La exploración del campo visual del paciente mediante una prueba que se llama campimetría computarizada mostraba  una pérdida de visión de los lados temporales o externos indicativa de  la existencia de un problema localizado en una  área concreta del cerebro.
LA RNM craneal solicitada con la mayor urgencia posible confirmó mis sospechas: un tumor cerebral dentro de la hipófisis o glándula reguladora de la secreción de hormonas del organismo. Las vías visuales procedentes de ambos ojos se cruzan justo por encima de esta área  y el campo visual se ve alterado en cuanto el tumor se extiende hacia arriba.  Un tumor habitualmente benigno pero que crece y que hay que diagnosticar a tiempo para justamente  evitar que la visión se vea afectada.
Intervención urgente. En este caso, de extrema complejidad. Difícilmente recuperara la vista perdida, no obstante es de esperar que con las avanzadas técnicas de microcirugía actuales no pierda el resto de visión. Complicada intervención dada la extensión del tumor. Entre unas demoras y otras; un tiempo esencial perdido.
Le explico al paciente la situación.  Como dato positivo le comento que la intervención se realiza vía intranasal sin necesidad de abrir el cráneo. Èl y su mujer me escuchan atentos y serenos, sin perder el tiempo en lamentos ni quejas en relación a demoras, una entereza y capacidad de afrontar la situación realmente admirable.  
Urge encontrar un neurocirujano especializado en este tipo de intervención. Les oriento al respecto. Y mientras los tengo frente a mí no puedo dejar de pensar en la tranquilidad del campo, la leña del fuego, espejismo o realidad, más espejismo, lo cierto es que la  lotería de la vida es inexplicable, en ocasiones, bestial; un tumor que nace justo debajo de las vías visuales y que no es debido  ni al tabaco ni al stress ni a más causa que esa lotería de la vida a la que todos estamos expuestos y que es de extrema importancia diagnosticar a tiempo. De hecho,  cuando aparece el problema visual,  ello nos está indicando que el tumor ya se a expandido de modo alarmante.  Siento comenzar el año con la exposición de un caso tan crudo. Tanto avances médicos y aún hoy en día  el diagnóstico clínico a  tiempo suele ser el eslabón más complicado de acertar. A menudo se demora en exceso; en unos casos, aún a tiempo; en otros, demasiado tarde;  en este caso, al menos que conserve la parte de visión que aún no está dañada, aún a tiempo para ello, mi deseo para este año.  

Campo visual
hemianopsia bitemporal

                                       



viernes, 22 de diciembre de 2017

La pequeña Dinamarca del mediterraneo

Aquí estoy. Tumbada. La televisión apagada.  Hasta aquí he llegado. Si fuera psicóloga podría hablar sobre varios temas de interés; conciencia grupal, resistencia a las evidencias, entre tantos asuntos de convivencia. Pero, como neuróloga, callo y sólo siento preocupación por el empobrecimiento que es de esperar aguarda a una sociedad enrocada en una identidad que parece aún no ha tomado plena conciencia del camino emprendido  hacia su propio ombligo. Y lo que más me entristece es que no encuentro un motivo que justifique aunque sea un mínimo  semejante enredo y riesgo. Nunca pensé que me iba a importar tanto el destino de esta tierra; tierra construida entre todos y en donde mis antepasados contribuyeron a fortalecer ese sentimiento de identidad nacional que por lo visto se ha reconvertido en  incompatible con el resto de España para una parte importante de la población  cuando entonces no lo era ni en destino ni en deseo.

Desde la generosidad, orgullo, justicia, así se construye lo que de verdad importa y lo demás es mediocridad. El legítimo derecho de una mayoría  puede ser luz o nada más que sombra si ignora a la mitad de la población y desprecia al vecino. Nunca pensé que la carencia de políticos de altura nos pudiera llevar al callejón en el que nos encontramos. Espero que no tarden en salir  unos presos que sin ser juez no entiendo como no están en sus casas, alguna salida tendrá que haber a este callejón, incapaz de encender la televisión, escuchar a unos y a otros esa falta de autocrítica, manipulación, mentiras. Posiblemente, por el camino que vamos, algún día nacerá un nuevo País: una pequeña Dinamarca del mediterráneo incomprendida y desde luego nada que envidiar. Bona nit y bon nadal.  

                                   
                               

martes, 3 de octubre de 2017

Una buena profesora



Desde que llegue de vacaciones mi Palabra de Médico se ha convertido en Palabra de Ciudadana de una sociedad en pleno estallido. Pido disculpas a los lectores de todo el  planeta que abren mi blog en busca de consejos médicos y se encuentran con reflexiones sobre una situación política  no solo local sino demasiado peculiar como para asomarse y entenderla cuando incluso cuesta entenderla desde aquí. Un momento excepcional al que nos han conducido dos políticos nefastos, nefastos y previsibles; el choche de trenes del que se lleva hablando meses y meses. Un 1 de octubre tan incomprensible como triste, muy en espacial, para los que aún confiamos en el acuerdo.

“Si uno desea la independencia de modo unilateral, algo de sangre parece inevitable”, me comenta un amigo de Madrid, intelectual de izquierdas que intenta reflexionar y darme ánimos con su análisis desde la distancia. De acuerdo, de acuerdo, pero somos más o menos la mitad los que nos sentimos de aquí y no deseamos la independencia sino una convivencia de sentido común y libertades compartidas y ese poco de sangre nos ha dolido en el alma, rematado, vaciado, qué gran error, que absurdo.

Heridas menores, ataques de ansiedad, lipotimias, tan solo dos ingresados; uno por un infarto de miocardio y otra  por una contusión en el ojo por una bala de goma que no entiendo como la policía no encuentra un sustitutivo menos potencialmente dañino. Que desastre; un desastre anunciado  por la incompetencia de gobernantes y mandos públicos de ambos lados. No me gusta personalizar, en esta ocasión, contundente.

El señor Puigdemont; desde que fue nombrado a dedo presidente de la Generalitat, a la suya, a la suya que es la de un pensamiento único y obcecado; lo contrario de ese presidente deseable o soñado que una vez votado por unos tiene en cuenta al conjunto de la sociedad y la hace converger dentro de las diferencias y el respeto.  Impresentable, indignante, intolerables ilegalidades al margen. 

El señor Rajoy; al señor Rajoy me gustaría decirle bien alto y bien claro que para defender el estado de derecho de todos  y defenderlo desde el inmovilismo primero y la enorme torpeza después, para defender a esa parte de catalanes que nos encontramos en una situación especialmente incomoda,  pues el evidente golpe de estado de unos nos ignora y deja completamente de lado, para defendernos así, mejor se retire de una puñetera vez. 

En fin, confiemos en que se recupere y no pierda la vista de ese ojo lesionado la persona que fue a votar sabiendo que iba a una votación ilegal pero sin imaginar que la policía recibe órdenes y que ante la avalancha de gente e insultos son  tan humanos como cualquier otro;  confiemos en que este mal sueño termine con la carrera de tanto inepto y aparezcan en el panorama político personas de al menos la indispensable inteligencia y talla moral y humana para reconducir esta difícil situación en la que nos encontramos inmersos.

Termino con la esperanza puesta en una buena profesora. Qué sientes y qué opinas; ejercicio a realizar junto a sus padres planteado en el colegio de mi sobrino de once años. Pues, eso. 

                                 




sábado, 23 de septiembre de 2017

Referendum pactado


Referendum pactado. Reflexión y pacto. Probablemente la única solución a este conflicto abierto en canal o estallado de tanto estirarlo.  Y no para contentar. Y no porque sea una defensora de ese concepto llamado derecho a decidir cuando en democracia estamos votando año si y año también a los partidos que defienden las ideas que más se aproximan a las nuestras. Lo llevo pensando y diciendo desde hace años. Pero, ahora, llegado a este punto, ahora, guste más o guste menos, indispensable necesidad para  todos.

Para todos. Pero, en especial, para los que estamos firmemente convencidos de que Catalunya es una sociedad  de destino compartido con el resto de España y su separación no comportará más que problema tras problema durante no se cuanto tiempo y todo ello sin que exista  razón más allá de un sentimiento de identidad propia nacional que durante estos años de democracia no sólo se ha respetado sino que afirmaría sin titubeos  se ha mimado escrupulosamente. Y, referéndum pactado, en especial, también, para el conjunto de españoles que estos días y desde hace  tiempo está  respirando  una especie de desprecio  absolutamente inmerecido, respecto al cual, estoy convencida, no es compartido por la gran mayoría de catalanes. Pero, para poder demostrarlo, necesitamos votar,  votar  y  votar y así dar voz a los que reclaman  una voz que no la encuentran como yo la encuentro cada vez que voto en unas elecciones ya sean generales o autonómicas.

Menudos días estamos viviendo. Intentar tomar una cierta distancia y aprender del momento; mi consigna. Que cada uno encuentre sus mecanismos. Por mi parte, mi consulta me tranquiliza enormemente. Entran y salen pacientes de todas las ideas y edades con la ilusión de que mis consejos médicos les mejore su calidad de vida, les resuelva esa cefalea  diaria, ese caminar inestable, una memoria que ya no es la que era y que a ver si resulta que están iniciando la enfermedad de Alzheimer. Todos o prácticamente todos, alucinados con el momento que estamos viviendo,  muy críticos, disconformes y preocupados con esta deriva a donde nos están conduciendo entre unos y otros.

Y me acuerdo de Pascual Maragall; su empatía, su capacidad de liderazgo en beneficio de todos. Y me acuerdo de mi padre y su honestidad en todos los ámbitos de su vida y de un modo extremadamente escrupuloso en el ejercicio de la política. Y esta mañana de sábado la he pasado entretenida  en el MACBA  en busca de algún poema de Brossa. Y esta tarde acabo de leer una entrevista al escritor Javier Cercas que arranca con esta reflexión  “Lo  que  sucede en Catalunya no es cuestión de lengua sino de poder” continua con una frase de Goethe  “Todos somos esclavos de la ley, para que podamos ser libres” y finaliza como un suspiro de aire ¿Y si rematamos esta entrevista con algún estímulo favorable? Estamos vivos ¿Le parece poco? Ah… y ahora, viendo Truman, buena película sobre la vida… y  la muerte.

http://www.elmundo.es/opinion/2017/09/23/59c54058268e3e4a1c8b47f8.html